lunes, 7 de enero de 2013

CARTAS A LA NATURALEZA (Jardinería Eladio Nonay)

Barlo era una gran ciudad con enormes edificios, amplias avenidas, hermosos parques e infinidad de centros comerciales.
Magda y Tom vivían en Barlo, era su ciudad favorita por muchos motivos. Allí se conocieron, allí se casaron y allí nacieron sus dos hijos.
Una mañana de primavera Tom se asomó por la ventana de su casa y no vio más que edificios.



Se llevó la mano a la barbilla y a continuación como si algo le hubiera estallado dentro de su cerebro, se dio media vuelta y le dijo a Magda:
Esta ciudad nos ha dado muchas cosas, hemos pasado momentos muy entrañables, pero mi corazón se encuentra triste porque me asomó por la ventana y sólo veo edificios.
La voz de Tom adquirió una tonalidad mucho más dulce cuando volvió a dirigirse a Magda:
Yo quiero que nuestros hijos cuando despierten vean árboles, ríos, montañas, pájaros.



A voz de pronto parecía algo totalmente descabellado, dejar su ciudad favorita, pero ¿Qué había de malo en ello?
Magda y Tom siempre habían estado muy compenetrados y sus brillantes y risueñas miradas delataban sus pensamientos internos.
Estaban decididos a cambiar de vida.



Tom había oído hablar de un pueblecito llamado Arco Iris. Arco Iris estaba rodeado de montañas, de árboles, de prados, de campos, de animales, todo era de colores.
Había una pequeña escuela con huerto, granja y carpintería, donde los niños en su ratos libres podían plantar semillas, recoger tomates, ordeñar vacas o cabras, hacer figuritas de madera.
Una salita cinematográfica que funcionaba sólo los sábados y proyectaba antiguas películas de Tarzán.
Los niños del pueblo acudían a tan curiosas proyecciones y era fantástico descubrir en sus rostros expresiones de  fascinación y sorpresa cuando aparecían los elefantes, los leones y la explosión de numerosas risitas cuando Chita con su enorme dentadura ocupaba toda la pantalla.

Un taller de cocina donde las abuelitas transmitían a madres y nietas su receta más tradicional la tarta multicolor de Arco Iris.
Una tarta de 50 pisos de altura, de color rosa, azul, verde, amarillo, rojo ... de sabor afrutado y cuyo gran éxito radicaba en un pequeñito secreto. En uno de los 50 pisos se encontraba escondido un regalo maravilloso.

Los niños ayudaban al jardinero del pueblo en sus labores, cuidaban las plantas, las regaban, recogían las hojas secas.
Arco Iris era puro, limpio, sano y algo muy importante respiraba naturaleza por todos sus poros.

Magda y Tom arreglaron todos los detalles para su traslado y en un abrir y cerrar de ojos  habían cambiado completamente de vida.
Todas las mañanas muy temprano Tom se dirigía a la oficina tomando un camino diferente, era feliz oliendo los aromas de los jazmines, de las rosas, de las glicinias. Aromas que chocaban en sus fosas nasales y que aspiraba suavemente produciéndole incluso sensaciones musicales dentro de su cabeza.


Los domingos era un día muy esperado por la familia, Magda preparaba una suculenta comida y todo lo indispensable para su habitual salida al valle.
Era un valle con brillantes árboles, y por él discurría el río del pueblo. Allí las familias se reunían para pasar el domingo.
El sol, el viento, el agua ayudándose de las diferentes estaciones del año adoptaban las más curiosas formas y los niños encantados jugaban y disfrutaban de tan bellos juguetes.




Habían transcurrido 4 años desde su llegada y toda la familia estaba encantada.
Pero un día sucedió algo sorprendente, era domingo  y disfrutaban de un día soleado en el campo, cuando un viento gruñón y malhumorado levantó una gran polvareda, tiró a los niños al suelo y estos comenzaron a llorar, la comida voló por los aires y todos huyeron a refugiarse en sus hogares.
Los habitantes del pueblo desconocían los motivos por los que el viento había actuado de esa manera.
Se reunieron en la Sala de Reuniones y Tom propuso que lo mejor era escribir una carta al viento para conocer sus razones.



Los habitantes esperaban ansiosos una contestación pero esta nunca llegaba y no se atrevían a salir al campo, entre tanto la lluvia había comenzado su batalla particular desbordando el río, inundando los campos, las granjas, la escuela ...
La campana de la Sala de Reuniones llamó a todos sus habitantes para atajar el problema y conocer el motivo exacto por el que la lluvia se comportaba de esa manera.
Tom alzó la voz y dijo que no había que tomar decisiones precipitadas y que lo mejor era escribir una carta a la lluvia.






Al día siguiente Tom echó la carta en el buzón de correos, pero algo le llamó la atención. Eran las 12 de la mañana y estaba anocheciendo. No era posible un eclipse, el hombre del tiempo no había dicho nada.
¿Pero dónde se había metido el sol?
La oscuridad inundó Arco Iris y las temperaturas comenzaron a bajar hasta menos 30 grados centígrados, los habitantes del pueblo apenas se hablaban y todos gruñían.



Tom decidió que había que reunirse rápidamente y tomar una decisión. Los congregados en la Sala de Reuniones llegaron a la conclusión de que lo mejor era escribir una carta al sol para conocer los motivos que le habían conducido a abandonar Arco Iris.



Los habitantes esperaban que lluvia, viento y sol contestasen a sus cartas, pero la respuestas nunca llegaban.

Tom sabía que en las montañas vivía un Vieja Mujer que conocía todos los grandes secretos.
Tom propuso al pueblo buscar a esa mujer y descubrir la verdad.
Tardo 2 días en encontrarla, pero allí estaba delante de ella. Intentó presentarse pero la mujer le interrumpió:
Ya sé quien eres y a qué vienes.
Sólo puedo decirte que la hermana del viento la brisa, las hermanas de la lluvia el granizo y la nieve y las hermanas del sol las estrellas han sido secuestradas y encarceladas en las mazmorras del Castillo de Lord Rulcan.
Sus vidas están en peligro por eso viento, lluvia y sol no pueden hacer nada, están a merced de las órdenes de Lord Rulcan.

Tom pregunto a la mujer: ¿Quién es Lord Rulcan?

Lord Rulcan al igual que su hermosa prometida fueron vecinos de Arco Iris. Un día su prometida Valery alargó su mano para atrapar una flor que discurría por el río, con tan mala suerte que resbaló y cayó a las aguas. La corriente la arrastro y ningún vecino pudo salvarla.
Lord Rulcan entró en cólera, culpaba al pueblo por no haberla ayudado y juró que obtendría los poderes necesarios para destruir Arco Iris.


Gracias mujer ahora todo el pueblo conocerá la verdad. 

Debemos escribir una carta a Lord Rulcan!


Lord Rulcan palideció al leer la carta, como podía haber sido tan ciego, como podía haber ocasionado tanto daño. Ahora después de muchos años de odio conocía la auténtica historia.



Abrió las puertas de las mazmorras y dejó salir a sus rehenes y con lágrimas en los ojos les dijo:
Viento, lluvia, sol vuestra familia está libre, vosotros también sois libres, por favor regresad a Arco Iris y repartid con equilibrio vuestros dones tan preciados.
Perdonad el daño que os he hecho.
Y así sol, viento y lluvia regresaron a Arco Iris al pueblo que Magda y Tom habían elegido para vivir con sus hijos Raúl y Mario.




Autor: T. M.

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